En las últimas dos décadas hemos sido testigos de enormes cambios en el
área de la tecnología, información y comunicaciones, pareciéndonos que
todo lo que hoy conocemos y utilizamos, de una manera normal y cotidiana, era
producto exclusivo de las películas de ciencia ficción. de esta manera llegó el
tiempo en que la realidad nuevamente superó a la ficción.
Teléfonos celulares, computadores personales, Internet banda ancha,
televisión por cable, video conferencias, mundo globalizado, páginas web, chat,
web 2.0, wifi, witv. etc., son términos y productos a los cuales nos hemos ido
habituando con mayor o menor resistencia, constituyéndose, incluso, en una
nueva forma de servicio básico que estamos dispuestos a pagar.
Estos nuevos medios que traen consigo una nueva forma de relacionarse con
el mundo llegan para quedarse y sin duda para seguir evolucionando. así las
cosas, no podemos correr el riesgo de convertirnos en meros espectadores
de estos procesos ya que este transporte de los cambios nos puede dejar abajo y
consiguientemente aislados de un mundo que cambia y nos exige más y nuevos
conocimientos, en otras palabras nos, obliga a ser flexibles.
Toda revolución trae grandes transformaciones, quedando atrás las viejas
concepciones, ideas y paradigmas. la revolución tecnológica plantea un desafío
a las empresas, instituciones y sociedad en general ya que en su uso hay
enormes ventajas competitivas. se abre un abanico de posibilidades, una nueva
forma de hacer negocios, más y mejor información para tomar buenas decisiones,
otras formas de trabajo o relación laboral (teletrabajo), ciudadanos
mejor informados y conectados con el mundo, estudiantes que pueden interactuar
desde su hogar con los profesores, una educación que incorpora nuevas
metodologías interactivas que logran mejores resultados de aprendizaje, etc.
todo lo anterior nos hace suponer que los avances tecnológicos traen
consigo sólo beneficios, lo que hasta cierto punto parece correcto. sin
embargo, y en este punto, cabe incorporar un tema ético y moral que no puede
quedar excluido.
La tecnología se ha desarrollado con propósitos que hasta ahora
aparecen como buenos o beneficiosos para la humanidad, es discutible, sin
embargo, que su uso siempre tenga un propósito noble, pues también puede
ser usada con fines egoístas que muchas veces vulneran los derechos
de otros. En definitiva, nos movemos en los umbrales de lo permitido y lo
moralmente aceptable, pero no es que falle en este punto la tecnología
sino que quien la usa y abusa de sus posibilidades.
A raíz de lo anterior se dictaron leyes
que permiten regular sobre aspectos como la protección de la vida privada, de
los delitos informáticos, entre otros, pero no es menos cierto que el efecto de
una ley no sólo debe estar basada en el castigo que ella considera si es
transgredida, sino que en la conciencia de que aquello que se expresa ahí
corresponde a una forma correcta de conducirse.
¿Pero de qué forma
logramos esto cuando nos parece natural copiar, adquirir y reproducir
creaciones que tienen autor y cuya fuente de ingreso está siendo gravemente
afectada cuando no se realiza su adquisición por la vía legítima. O en otros
casos donde la vida privada de las personas queda expuesta al mundo para
obtener más rating, o en las redes de pedofilia y pornografía infantil donde se
vulneran los derechos más elementales de quienes deben estar más protegidos, o
de quienes valiéndose de sus conocimientos en estos medios pueden crear páginas
donde la violencia se legitima y se pierde el respeto por la dignidad humana?
Es verdad que los cambios, el progreso y la modernización en sus
distintas formas son elementales en el desarrollo de los pueblos, pero no
debemos olvidar que ellos traen consigo otros flagelos que no sólo debemos
tratar de combatir con innumerables leyes, sino que a través de la sólida
formación de las nuevas generaciones, basada en principios y valores que no
sean relativos. ¿por qué las nuevas generaciones?, porque son ellas las que
están naciendo en este mundo tecnológico (son los llamados nativos digitales) ,
informático y comunicacional que muchas veces es cruel, agresivo e indolente
con el otro.



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